Centenares de miles de uruguayos han emigrado por múltiples causas, la principal de ellas es la falta de trabajo en el Uruguay; manifiestan que este país no les proporciona oportunidades laborales.
En una ocasión, me dijo el Dr. Gonzalo Aguirre que en los orígenes de todo hubo un pueblo Griego y un pueblo Romano, que antes de tener definidos los límites y el territorio que ubicaban, había una población que tenía una comunidad cultural, religiosa, de ideales, de estilos de vida, una comunidad idiomática. Pero parece que aquí en el Uruguay no tenemos una comunidad; si a mi me va mal, me disparo para cualquier lado. Este ex vicepresidente también sostiene que el peor problema que tiene el Uruguay no es el económico sino el Espiritual.
El distinguido escritor nacionalista Ricardo Rocha Imaz sostiene que aquel que abandona su tierra natal y se afinca en otra, pierde la perspectiva de los valores nacionales adquiriendo los nuevos. Podrán aparecer en su fuero íntimo sentimientos que tienen valor afectivo y recuerdos nostálgicos, pero han afincado sus raíces en otras tierras y son éstas las que les ofrecen solidez, familia y nuevas esperanzas.
Los tributos, llámese impuestos, tasas o contribuciones, lo pagan donde están afincados; de la misma forma la energía eléctrica, el agua potable, las comunicaciones, todas las recaudaciones que realiza el Estado con el objeto de obtener recursos para el cumplimiento de sus fines.
Es verdad que hoy, con los adelantos en las comunicaciones se está al dia con lo que pasa en todo el mundo, con preferencia en el país de origen, pero eso no es suficiente, no se trata de estar enterados, se trata de vivirlo, de sentirlo en carne propia, para poder decidir con plena conciencia en las elecciones.
Según los politólogos, los compatriotas que viven en el extranjero, en las elecciones nacionales pasadas (2004) le dieron el triunfo al Frente Amplio en la primera vuelta. Pasadas las elecciones, aparecieron iniciativas de algunos legisladores contemplando la situación de estos compatriotas; así han propuesto el voto Consular, iniciativa que no ha prosperado y más adelante el voto Epistolar que sí tuvo aceptación.
Con las elecciones del próximo 25 de octubre se plebiscitará simultáneamente el voto Epistolar, por la que se habilita el voto por correspondencia a partir de las siguientes elecciones (2.014).
Mediante la reforma constitucional y reglamentación de la Corte Electoral, se admitirá que los ciudadanos residentes en el extranjero puedan votar por correspondencia en elecciones, plebiscitos y referéndum que se planteen en el futuro.
Como muy bien sostiene el Dr. Martín Risso Ferrand (Catedrático de Derecho Constitucional), la Constitución es un código político, es una norma destinada a quienes ejercen el poder y que regula quiénes y cómo podrán ejercer ese poder. Es, además, una norma jurídica, la norma de superior jerarquía y tan invocable ante los tribunales como cualquier norma inferior (ej. Leyes y Decretos).
Pero también la Constitución, entre tantas otras cosas, aparece como un código de valores; y no cualquier código sino el que contiene los valores superiores asumidos por la comunidad nacional en forma coincidente con la comunidad internacional. Sostiene el mencionado catedrático que cuando reformamos esta Carta Magna sólo tenemos como defensa la prudencia y la sabiduría de la gente. Se pueden reforzar o destruir los valores superiores.
En la reforma hay dos valores e intereses en juego. Por un lado el derecho de los ciudadanos a sufragar que se ve limitado respecto a los habilitados para votar que no residen en Uruguay. Por otro lado, en el caso del voto epistolar, aparece enfrentado al interés anterior una de las garantías básicas del ordenamiento jurídico como es el voto secreto.
Risso Ferrand dice que si analizamos el voto secreto en los actos electorales, plebiscitos y referéndum, la justificación de ser secreto es evidente, porque garantiza la libertad del votante, evita toda suerte de presión sobre el mismo y es una garantía básica del sistema electoral nacional. Todos aceptamos el resultado electoral en la medida que el voto secreto, entre otras garantías, nos asegura que los votantes se han pronunciado libremente y sin presiones de tipo alguno.
El voto epistolar no garantiza el voto secreto; la reforma está contraviniendo uno de los valores del sistema democrático nacional. Y no sólo del orden interno sino que el voto secreto es base reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, en la Declaración de la OEA, en el Pacto de San José de Costa Rica, ente otros muchos.
Según las cifras que se manejan habitualmente habría más de 400.000 habilitados para votar en el extranjero. Si analizamos los resultados de las elecciones anteriores y las perspectivas para las próximas, se aprecia que si fuera posible el voto por correo la elección presidencial, las mayorías en las cámaras, las elecciones municipales y otras, estarían siendo definidas por votantes que emiten sus votos sin las garantías del voto secreto. Y por lo tanto esa virtud de nuestro sistema electoral, que consiste en que nadie puede dudar del resultado electoral, desaparece con la reforma propuesta.
Es muy claro que existen otras formas de lograr el objetivo buscado sin afectar los valores mencionados, y esta forma es habilitando el voto en embajadas y consulados, que vendrían a actuar como dependencias de la Corte Electoral al igual que cualquier mesa de votación. El voto Consular, a diferencia del voto Epistolar, permite que muchos ciudadanos puedan votar en el extranjero sin afectar la garantía del voto secreto.
El mencionado catedrático tiene la convicción de que la reforma es altamente inconveniente. En el siglo XIX en el Uruguay, como en la mayor parte del mundo, no existía el voto secreto ni había garantías sobre la libertad del sufragio. Así les fue a nuestros antepasados, así tenemos una historia de impugnaciones y denuncias de irregularidades que han perturbado la paz de nuestra Nación.
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